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DEUTERONOMIO - DISCURSO 5 - Cap. 9: Que el rey escriba su propia copia de la Ley, Dr. Stephen E. Jones

Capítulo 9
Que el rey escriba su propia copia de la Ley


La siguiente instrucción que Moisés da a los futuros reyes de Israel se da en Deut. 17:18-20,

18 Y cuando se siente en el trono de su reino, entonces escribirá para sí una copia de esta ley en un libro, copiándola del original en presencia de los sacerdotes levitas; 19 Y la tendrá con él, y leerá en ella todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Yahweh su Dios, observando cuidadosamente todas las palabras de esta ley y estos estatutos, 20 para que su corazón no se eleve por encima de sus hermanos y que no se aparte del mandamiento, hacia la derecha o hacia la izquierda; con el fin de que él y sus hijos puedan continuar por mucho tiempo en su reino en medio de Israel.

El rey debía escribir su propia copia de la Ley y discutir su significado con los sacerdotes cuando él la escribiera. Una vez que hubiera dominado lo que los sacerdotes ya entendían, entonces él sería capaz de meditar en ello más tarde y dejar que el Espíritu Santo le enseñara más, o tal vez para hacer correcciones a la comprensión de los sacerdotes.

El rey debía seguir las Leyes de la Alimentación en este caso, porque él debía comer y "rumiar" (Lev. 11:3) meditando en la Palabra y asimilándola por el Espíritu. Cualquier alimento espiritual que se coma sin una segunda obra del Espíritu para digerir adecuadamente es impuro. Por esta razón, el rey David no sólo leía la Ley todos los días, sino que también meditó sobre ella para obtener la mente de Dios. El Salmo 1:2 dice del hombre bendito,

2 Sino que su deleite está en la ley del Señor, y en su ley medita de día y de noche.

Del mismo modo, el Salmo 119:47 y 48 dice:

47 Y yo me regocijaré en tus mandamientos, que tanto amo, 48 y voy a levantar mis manos a tus mandamientos que amé; y meditaré en tus estatutos.

Aparte de la acción del Espíritu Santo, la lectura de la Ley o de cualquier parte de la Palabra sólo trae el tipo de conocimiento que tiende a inflar el ego de una persona (1 Cor. 8: 1). Pablo entendió esto, por haber sido educado en la Ley en la escuela de Gamaliel. Los escribas y fariseos tenían un enorme orgullo de su conocimiento de la Ley, pero realmente no la entendían. Si hubieran comprendido la Ley, no habrían rechazado al Mesías cuando vino. Si hubieran comprendido la Ley, les habría humillado.

Moisés dice que una verdadera comprensión de la Ley humilla a un hombre, porque Deut. 17:20 dice "para que su corazón no se eleve por encima de sus compatriotas". La humildad es un requisito para los reyes en el reino de Dios, sea que apliquemos esto a los reyes de Israel o a los vencedores en la manifestación final del Reino. Cuando los hombres "comen" la carne de la Palabra pero no la rumian, sin embargo, la comida es carnal para ellos, y el resultado es el orgullo. Pero cuando meditan en la Palabra, el Espíritu Santo hace que sea una revelación, y entonces podemos decir con Pablo en Rom. 7:14, "sabemos que la ley es espiritual".

Esto no quiere decir que la Ley no tenga aplicación física o terrenal en un sistema judicial en la Tierra; más bien, significa que el juez entiende la mente de Cristo en la aplicación de la Ley en todas las situaciones, por lo que siempre rinde un veredicto que Cristo mismo hubiera rendido. Esto requiere no sólo un conocimiento de la Ley, sino una interiorización de la Ley, para que la Ley esté escrita en el corazón, de acuerdo con el Nuevo Pacto (Heb. 8:10).

Se nos dan los ejemplos bíblicos de Saúl y David para mostrarnos el contraste entre un rey que estaba en rebelión y uno que era un hombre conforme al corazón de Dios. Es dudoso que Saúl hiciera su propia copia de la Ley. No hay duda de que David escribió su propia copia y meditó sobre ella día y noche. Vea la diferencia en la forma en que él fue rey.

Ambos reyes fueron ungidos, y ambos fueron escogidos por el mismo Dios. Si Saúl no se hubiera rebelado, teóricamente, habría tenido una dinastía continua. Después de todo, el propósito de escribir esta Ley y meditar en ella se afirma en Deut. 17:20, "con el fin de que él y sus hijos puedan continuar mucho tiempo en su reino en medio de Israel". Sabemos, sin embargo, que Saúl no estaba destinado a gobernar Israel para siempre, porque él era de la tribu de Benjamín (1 Sam. 9:1,2), y fue profetizado que los reyes vinieran de Judá (Génesis 49:10).

David fue de Judá, y él consideraba que era un administrador del trono de Cristo. Su corazón no se levantó en orgullo sobre sus hermanos, ni trató el trono como si fuera suyo propio. Comprendía la Ley y sabía la intención de Su autor. Por estas razones, Dios hizo un pacto con David, diciendo en el Salmo 89:36 y 37,

36 Su descendencia será para siempre, y su trono como el sol delante de mí. 37 Será establecido para siempre como la luna, y como testigo fiel en el cielo. Selah.

En otras palabras, a David se le dio la promesa de que el Mesías, el Rey final de Israel, vendría de su linaje. Al final, el Mesías sería levantado de los muertos y alcanzaría la inmortalidad. La promesa del cetro, una vez dada a él, no tendría fin. Y los de su casa, la familia de la fe llamados vencedores, gobernará bajo Su jefatura hasta que se cumplan todas las cosas.

http://www.gods-kingdom-ministries.net/teachings/books/deuteronomy-the-second-law-speech-5/chapter-9-write-your-own-copy-of-the-law/


PRIMERA CORINTIOS 7 (2): El matrimonio y el celibato, Parte 2, Dr. Stephen E. Jones


24/03/2017



Pablo dice en 1 Corintios 7:8,9,

8 Pero les digo a los solteros y a las viudas que es bueno para ellos si se quedan como yo. 9 Pero si no tienen autocontrol, que se casen; porque mejor es casarse que estarse quemando.

Aquí el apóstol defiende el celibato como un estado honorable, pero nunca dice a nadie que el matrimonio es menos honorable. Pablo no era un asceta, como algunos lo eran en esos días, porque habló contra el ascetismo o “auto-degradación” en Colosenses 2:18-23. Algunos creían que para ser espiritual, uno tenía que negar todo deseo sexual natural, y por ello trataban de destruir la naturaleza humana misma. Esta no era la opinión de Pablo.

Dejó en claro en el versículo 6 que su preferencia por el celibato y por permanecer solo cuando se enviudó fue una preferencia personal, no un mandato de Dios. El celibato no era ni siquiera un camino hacia una mayor espiritualidad.

El motivo personal de Pablo para permanecer solo se da más adelante en 1 Corintios 7:26,

26 Tengo, pues, esto por bueno en vista de la necesidad que apremia, que le irá bien al hombre en quedarse como está.

Eran tiempos de persecución, y la angustia pronto iba a ser peor, ya que en la próxima década Roma iba a proscribir el cristianismo, convirtiéndolo en una religión ilícita. Pablo menciona solamente la condición presente, pero no hay duda que él ya tenía una premonición del futuro. Casarse en esos momentos podría ser desgarrador. Roma pronto utilizaría la amenaza de matar o torturar a su cónyuge como palanca para conseguir que una persona renunciara a Cristo.

En esas condiciones estresantes, Pablo dice: “le irá bien al hombre quedarse como está”. Sin embargo, en circunstancias normales, el matrimonio era bueno como una relación personal, además de ser necesario para traer la próxima generación.

Al parecer, hubo un desacuerdo en la iglesia de Corinto, AL que Pablo necesitaba hacer frente. Algunos habían empujado la defensa de Pablo del celibato para incluir a todos y atarlos con motivos espirituales. Otros habían argumentado contra el celibato. Ambas posiciones eran extremas, y Pablo trajo el equilibrio con esta enseñanza.


Divorcio y Separación
Algunos defensores de celibato pueden haber abogado por la ruptura de los matrimonios. Pablo dice en 1 Corintios 7:10,11,

10 Sin embargo, para el matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no debe dejar a su marido 11 (pero si le deja, quédese sin casar [agamos], o de lo contrario que se reconcilie con su marido), y que el marido no abandone [aphiemi, “aleje”] su esposa.

El tema en cuestión era si las parejas casadas debían separarse con el fin de lograr un mayor nivel de espiritualidad en su relación con Dios. No sabemos si esto se había convertido en un problema en la iglesia, o si Pablo estaba anticipando un posible problema en el futuro. Sin embargo, él les dice que las parejas casadas no deben separarse, porque eso rompería su voto matrimonial. Esto no era solo la opinión de Pablo, sino una instrucción del Señor.

No está claro si Pablo estaba hablando de divorcio o separación. El verso en sí no menciona el divorcio (apoluo), sino la separación (aphiemi). Las versiones anteriores de la NASB traduce, el marido no debe enviar a su esposa lejos. Sólo más tarde fue cambiado a esto por “el marido no abandone a su mujer”.

Pablo no usó el término apoluo (“divorcio”) aquí, aunque los traductores NASB decidieron insertar su propia opinión en el pasaje. Quizás estaban tratando de cambiar la Ley Divina, prohibiendo el divorcio por completo, mientras que la ley de Dios contempla el divorcio, siempre y cuando se haga sin injusticia. Deuteronomio 24:1-4 KJV permite el divorcio, pero especifica que un hombre debe dar a su esposa una carta de divorcio por escrito, para que ella tenga una prueba escrita de ello; de esta manera, puede volver a casarse sin temor a que su ex marido pudiera demandarla a ella y a su segundo marido por adulterio.

En cuanto a las causas legales de divorcio, la Ley guarda silencio en gran medida, excepto en el caso de una mujer-esclava que haya sido privada de alimentos, ropa, y relaciones conyugales (Éxodo 21:10,11). Tales causas, sin duda, se aplicarían también a un matrimonio con una mujer-libre, dándole su causa legal para exigir un certificado de divorcio.


La discusión de Pablo en 1 Corintios 7:10,11 fue en el contexto de las parejas casadas en la iglesia, que puede haber pensado que el celibato dentro del matrimonio era una cosa pía que hacer, o un sacrificio aceptable a Dios. Pablo refuta esta idea, dejando claro que esta instrucción era de Dios, y no solamente su propia opinión o preferencia.

Podemos extender este mandato más allá de la mera separación e incluir el divorcio en sí, porque esto no iría más allá del espíritu de los escritos de Pablo. El factor importante es entender el marco y el contexto de la discusión de Pablo. No es bueno para las parejas casadas abstenerse de las relaciones sexuales, ya sea por separación informal o ya sea con un divorcio formal.


El caso de un cónyuge no creyente
Pablo habla después acerca de los creyentes que están casados con incrédulos, porque algunos pueden creer que el mandato de no unirse en yugo desigual con los incrédulos (2 Corintios 6:14 KJV) requiere que un creyente se separe de o divorcie del cónyuge infiel. Tal prohibición, por supuesto, se aplica a la consideración de un nuevo matrimonio, no después del ya efectuado. 1 Corintios 7:12,13 dice,

12 Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, que no la despida. 13 Y si una mujer tiene marido incrédulo, y él consiente en vivir con ella, que no abandone a su marido.

Pablo no creía que tener un cónyuge no creyente constituyera causa de divorcio. Sin embargo, tenga en cuenta que Pablo tuvo la precaución de decir que esta era su opinión. Después de todo, puede haber casos extremos en los que un cónyuge no creyente puede hacer cosas que de hecho sean motivo de divorcio. Un golpeador de mujeres, por ejemplo, difícilmente podría ser clasificado como un marido a consentir vivir con ella. Porque insistir en que una esposa se quede con un marido tal podría ser una sentencia de muerte sobre ella.

Además, se han conocido maridos que fuerzan a sus mujeres a la prostitución, o hacen otros actos inmorales e ilegales. Tales cosas a la verdad pueden ser motivo de divorcio, y, de hecho, es por eso que Dios hizo provisión para el divorcio en Su Ley. Él sabía que en el estado corruptible en que la humanidad se encuentra, matrimonios tienen un potencial grande para el mal, así como para el bien.

En esto consiste la diferencia básica entre un matrimonio Antigua Alianza y un matrimonio Nueva Alianza. El primero contiene una disposición para el divorcio por necesidad; el segundo no encuentra ninguna necesidad de divorcio, porque ambas partes escuchan a Dios y le sirven y el uno al otro.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, un esposo no creyente ama a su esposa creyente como mujer (y viceversa), y aparte de alguna circunstancia extraordinaria, deben permanecer juntos. Aunque la Ley permite el divorcio, tal cosa no debe hacerse a la ligera o sin causa legítima. Si nos fijamos en el ejemplo de la unión de Dios con Israel, especialmente representado en la historia de Oseas, encontramos que Dios considera la idolatría como adulterio espiritual, y que esto constituye causa de divorcio. Aún así, él no la abandonó de inmediato, sino que fue muy paciente con ella durante muchos siglos, soportando todo el dolor que los hombres y las mujeres tienen de la experiencia en la Tierra en estos casos. Al final, sin embargo, invocó su derecho al divorcio, basado en Deuteronomio 24:1-4, dando a Israel una carta de divorcio (Jeremías 3:8). Del mismo modo, Oseas se divorció de Gomer (Oseas 2:2), que era un tipo de Israel.

En 1 Corintios 7:12, Pablo, de manera inversa, extiende el derecho de divorcio a las esposas, así como a los maridos. Recomendando que la esposa creyente no abandone a su marido, reconoce la posibilidad de hacerlo. Hay algunos que piensan que las esposas no están autorizadas a divorciarse de sus maridos, como si ellas no tuvieran derechos; pero como ya hemos demostrado, incluso las esposas-esclavas tenían derecho a apelar a la Ley si habían sido privadas de comida, ropa, y derechos conyugales.

Del mismo modo, Jesús mismo menciona este derecho en Marcos 10:11,12. Pero ya que la NASB no parece reconocer la distinción entre divorciar (apoluo) y repudiar, o despedir (aphiemi), vamos a citar de La Diaglotón Enfática, que dice:

11 Y les dice: “Cualquiera que despide [aphiemi] a su esposa y se casa con otra, comete adulterio con ella. 12 Y si la que despide [aphiemi] su marido, se casa con otro, comete adulterio.

El contexto muestra que Jesús estaba comentando sobre la Ley de Divorcio de Deuteronomio 24:1-4, donde era ilegal “despedir” a la esposa de uno sin antes darle un certificado de divorcio, lo que se supone debe ocurrir antes de la despedida, pero demasiado a menudo los hombres violaron la Ley al despedir a su esposa sin un certificado de divorcio. Esta era una injusticia, porque se le impedía volver a casarse, ya que ella estaba aún legalmente casada con el marido que la había despedido. Por lo tanto, si se volvía a casar, adulteraba, y el que se casó con ella también era culpable de adulterio.

En ese contexto, Jesús asume que las esposas, también, podían despedir a sus maridos sin documentos de divorcio. El pecado no estaba en dar los papeles del divorcio, sino en despedir a un cónyuge sin esos papeles.

Vemos, entonces, que tanto Jesús como Pablo mencionan la posibilidad de que una mujer tome acciones legales contra su marido. Eso, en sí mismo, no es condenado. Es sólo cuando se hace de manera ilegal que Jesús lo condena, y en el ejemplo de Pablo, una mujer creyente no debería despedir a su marido incrédulo, al menos no en circunstancias normales.

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Dr. Stephen Jones

PRIMERA CORINTIOS 7 (1): El matrimonio y el celibato, Parte 1, Dr. Stephen E. Jones


23/03/2017



Después de haber completado su análisis de la pureza y la moral de la iglesia, se necesitaba una orden definitiva de observar la Ley y abstenerse del pecado. Pablo ahora vuelve su atención a dos cuestiones de menor importancia: el matrimonio y la comida sacrificada a los ídolos. Como veremos más adelante, ninguna de estas cuestiones eran cuestiones de moralidad, sino más bien de la conveniencia.

Pablo dice en 1 Corintios 7:1,

1 En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno es para el hombre no tocar mujer.

Una vez más vemos que Pablo estaba respondiendo a la carta de Cloe, fuera que ella hubiera dado su propia opinión o la de otro en el grupo: Es bueno para el hombre no tocar mujer. Estas palabras no son de Pablo, sino que es la cuestión planteada por la carta de Cloe, que Pablo sintió obligado a abordar. A menudo, las palabras han sido asignadas a Pablo, porque después defiende el celibato como un derecho natural tanto como el estado marital mismo. Esto es importante entenderlo, porque muchos han pensado que el mismo Pablo recomienda que las personas no se casen.

Parte del problema es que la puntuación gramatical aún no se había inventado en el siglo primero. Las frases todas corrían juntas, no había mayúsculas o minúsculas que señalaran cuando comenzaba una oración, y ciertamente no había comillas para que Pablo las pudiera utilizar. Todas estas comodidades y aclaraciones son de origen más moderno. Para entender el versículo 1, debemos puntualizar que la siguiente manera:

1 En cuanto a las cosas de que me escribisteis: “Es bueno para el hombre no tocar mujer”.

Después de haber declarado la cuestión, observamos que también es poco clara, ya que podemos decir el tipo de cuestión únicamente por la respuesta de Pablo. Es la cuestión de si el matrimonio es o no una buena cosa, porque tocar mujer era un lenguaje para las relaciones sexuales y/o el matrimonio en general. El hecho de que la respuesta de Pablo sea una “concesión” en lugar de un “mandamiento” (1 Corintios 7:6) sugiere que la cuestión no fuera acerca de las relaciones inmorales, sino específicamente acerca de si el matrimonio era una ventaja o un obstáculo para la vida espiritual.

Los versículos 1-9 tratan con el matrimonio y el celibato. Los versículos 10-24 con el matrimonio y el divorcio. Los versículos 25-38 tratan con el matrimonio y el servicio cristiano. Los versículos 39, 40 son sobre la Ley de Matrimonio.


Deberes del matrimonio
Pablo comienza su discusión en 1 Corintios 7:2, diciendo:

2 Pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido.

Desde el principio, Pablo defiende la relación matrimonial, no para perpetuar la especie, no para dejar un heredero para la propia finca, ni como si se tratara de una orden de Dios, sino debido a las inmoralidades, o fornicaciones. Esto no fue un intento de participar en una terapia de pareja, porque entonces Pablo habría planteado el tema del amor, como lo hizo en Efesios 5:25-33. En cambio, Pablo estaba tratando con las obligaciones legales, si el matrimonio en sí era o no legal, y las obligaciones legales específicas de matrimonio.

El primer problema legal, por supuesto, se centró en la inmoralidad en sí. La respuesta de Pablo en el versículo 2 es que los cónyuges deben tener una relación exclusiva entre sí. Luego Pablo dice en 1 Corintios 7:3,

3 El marido cumpla su deber para con su esposa, y asimismo la mujer con el marido.

Si tuviéramos en cuenta que se tratara de una sesión de terapia de pareja, sería de hecho bastante estéril. El matrimonio es mucho más que una cuestión sobre deber legal y responsabilidad. Sin embargo, la propia Ley no trata de participar en la terapia de pareja, que no sea poniendo el amor al mando en todos los asuntos.

Éxodo 21 hace una distinción entre el matrimonio de una esclava y el matrimonio de una mujer libre. Una mujer libre goza de más derechos que una esclava, y lo vemos en el caso de Sara y Agar. En Gálatas 4:22-31 Pablo muestra el significado espiritual de cada una, obviamente, recomendando que los creyentes sean parte de la esposa Sara, en lugar de una simple esposa Agar. Para ser parte de la Compañía Sara, uno debe estar casado con Cristo según el Nuevo Pacto, en lugar de según el Antiguo.

Pero en el caso de un hombre que se casa con una esclava, Éxodo 21:10,11 dice,

10 Si toma para sí otra mujer, no puede reducir su comida, su ropa, sus derechos conyugales. 11 Y si no hace estas tres cosas para ella, entonces ella saldrá por nada, sin pago de dinero.

Está fuera del alcance de este estudio para discutir la poligamia, que fue permitida por la Ley y se practicaba comúnmente. Es suficiente decir que la poligamia se basa en los principios del Pacto Antiguo. Por lo tanto, es quizás profético que los tres deberes legales del matrimonio se enumeren en el contexto del matrimonio de una esclava. La Ley define los derechos de una esposa-esclava. Para la Ley, incluso los esclavos tenían el derecho a no ser maltratados (Éxodo 21:26,27). La esclavitud bajo las leyes de los hombres, como demuestra la historia, no dieron a los esclavos ningún derecho en absoluto, e incluso la propia vida de un esclavo estaba en manos de su amo.

Pero Dios le dio ciertos derechos incluso a una esposa-esclava. Su marido estaba obligado por la Ley a darle la comida, la ropa y los derechos conyugales. Si él no lo hacía, ella tenía derecho a recurrir a un juez, y si ella ganaba su caso, ella debía ser liberada de la Ley del Marido. En otras palabras, podría obtener un divorcio sin tener que pagar por su libertad.

En este contexto, vemos como Pablo apeló a la Ley cuando habla de los deberes de los cónyuges. Había tres funciones, y Pablo ordena esencialmente a las parejas casadas a seguir estos como un requisito mínimo de matrimonio. Por supuesto, si un marido simplemente cumplía esas obligaciones sin amor, el matrimonio sería estéril de hecho.


4 La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; y asimismo el marido no tiene autoridad sobre su propio cuerpo, sino la mujer.

En la medida en que se refiere a estos tres deberes del matrimonio, incluso una esposa-esclava tenía un reclamo sobre el cuerpo de su marido, ya que era su derecho tener relaciones conyugales. Sin embargo, desde una perspectiva más amplia, Pablo probablemente estaba hablando desde el punto de vista de un matrimonio de la Nueva Alianza, donde una esposa-libre debía tener los mismos derechos por ser “una sola carne” con su marido. Una mujer es o bien sierva/esclava de su marido, o ella es una mujer libre. Ella no puede ser las dos al mismo tiempo, más de lo que una persona puede estar bajo el Antiguo Pacto y el Nuevo al mismo tiempo.

Pablo, en esencia, da a los cónyuges igual autoridad sobre el cuerpo del otro. La Ley de Dios contiene muchas declaraciones y principios del Nuevo Pacto, pero mucho no está claro a causa del velo del Antiguo Pacto sobre los ojos de los hombres (2 Corintios 3:15). Por esta razón, el matrimonio del Nuevo Pacto no se entendió muy bien hasta que Jesús comenzó a romper la tradición judía al hablar con las mujeres y tratarlas con honor y dignidad.

Como también mostré en mi comentario sobre el Evangelio de Lucas, que ofrece la perspectiva de Pablo al respecto, las mujeres fueron elevadas a posiciones de honor iguales a los hombres. No obstante, incluso en la Edad Pentecostal, la Iglesia ha tenido sólo un conocimiento parcial de la distinción entre los dos pactos, y su falta de comprensión ha perpetuado la relación matrimonial de la Antigua Alianza, no sólo entre Cristo y Su novia, sino también entre los esposos y las esposas.

Para un estudio más completo sobre este tema, véase mi libro, Antigua y Nueva Alianza matrimonial (en castellano: http://josemariaarmesto.blogspot.com.es/2014/09/folleto-antiguo-y-nuevo-pacto.html).


La abstención entre las parejas casadas
Pablo continúa en 1 Corintios 7:5,

5 No os privéis el uno del otro, salvo de común acuerdo por un tiempo, para que puedan dedicarse a la oración, y júntense de nuevo en uno, para que no les tiente Satanás a causa de su incontinencia.

Al parecer, algunos de los creyentes en Corinto había sido influenciados por la idea de que el sexo en sí era malo o, al menos, que dificultaba a la gente para alcanzar la espiritualidad verdadera y completa. Ha habido varias sectas religiosas a lo largo de la historia que enseñan y hacen cumplir la abstención en un intento de alcanzar la perfección. Afortunadamente, estas sectas se extinguieron en el plazo de una sola generación, como debía ocurrir, y sus miembros no alcanzaron ni la perfección ni la inmortalidad.

Parece que al menos una pareja en la iglesia de Corinto había decidido separarse, pensando que las relaciones conyugales obstaculizaban su avance espiritual. Pablo dijo: “¡Basta! No se deben prevenir o ignorar sus necesidades sexuales sin tentación natural”. Está bien separarse temporalmente para dedicarse a la oración”, pero debe fijar un tiempo para volver a juntarse de nuevo en uno”. Pablo pudo haber estado refiriéndose a los tiempos de ayuno y oración, pues sabía que el ayuno podría reducir el deseo natural (y capacidad) de uno para tener relaciones sexuales. Por lo tanto, el ayuno (por más de uno o dos días) hacía más fácil la abstención.

Concesión, no mandamiento
Pablo dice en 1 Corintios 7:6,7,

6 Pero esto digo por vía de concesión, no por mandamiento [o, medida cautelar]. 7 Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como yo soy. Sin embargo, cada uno tiene su propio don de Dios, uno de esta manera, y otro de otro.

Pablo dejó claro que el estado individual o celibato no era un mandato bíblico o la Ley. De hecho, Dios mismo había establecido el matrimonio antes de que Adán y Eva pecaran; no se trató de una concesión a la carne después del pecado entrar en escena. Al preceder al pecado, está claro que el matrimonio fue instituido por Dios desde el principio. De hecho, fue para este propósito que Dios sacó a Eva de Adán, ya que sin esa separación, no podía haber matrimonio.

Ya hemos visto cómo el propósito divino para el Cielo y la Tierra era casarlos, no separarlos. Por lo tanto, el principio más básico de las relaciones en el universo se basa en el matrimonio. Así que, obviamente, Pablo nunca prohibiría el matrimonio. De hecho, en 1 Timoteo 4:3, Pablo fue muy crítico de los hombres que prohíben el matrimonio, incluyéndolo en su lista de doctrinas de demonios.

Pablo mismo se había casado en cierta época. Eusebio, obispo de Cesarea en el siglo cuarto, creía que el mismo Pablo estaba casado, junto con otros apóstoles. Él cita a Clemente, tercer obispo de Roma, en Ecl. Hist., III, xxx,

Clemente, cuyas palabras acabamos de leer, pasa desde el pasaje que he citado para refutar a los que desaprueban el matrimonio, haciendo una lista de los apóstoles que se sabe han sido hombres casados. Él dice: '¿O será que condenarán incluso a los apóstoles? Porque Pedro y Felipe tenían familias, y Felipe dio a sus hijas en matrimonio, mientras que el propio Pablo no duda en una de sus cartas en hacer frente a su compañero de yugo, a quien no llevó de gira con él por miedo a que dificultara su ministerio' “.

En la nota del editor, leemos un comentario:

Phil. iv. 3: aunque 'compañero de yugo' (syzygos), naturalmente, significa 'esposa', podría significar 'compañero' “.

En otras palabras, el syzygos de Pablo podría referirse a Lucas como “camarada”, pero el significado más natural de la palabra es esposa. Por lo tanto, el propio Eusebio toma esto como que Pablo estaba casado.


Sin embargo, cuando Pablo escribió su carta a los Corintios, parece que ya no estaba casado. En otras palabras, su esposa había muerto. Por lo tanto, cuando se habla de las viudas en los próximos versículos, abogando por que no se volvieran a casar, probablemente estaba hablando desde la experiencia personal.

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Dr. Stephen Jones

DEUTERONOMIO - DISCURSO 5 - Cap. 8: Varias esposas y riqueza para los reyes, Dr. Stephen E. Jones



Moisés sigue sus instrucciones para reyes por tratar con múltiples esposas. Se lee en Deut. 17:17,

17 Ni aumentará para sí mujeres muchas, para que su corazón no se desvíe; ni podrá aumentar en gran medida la plata y el oro para sí mismo.


La cuestión de la poligamia

Esta advertencia no especifica cuántas esposas podía tener un rey, a no ser que lo tomemos literalmente en el sentido de algo más de una esposa. Esta fue la Ley que el apóstol Pablo debió haber tenido en cuenta cuando instruyó a Timoteo acerca de los supervisores u obispos, que eran gobernantes de la Iglesia. Él escribió en 1 Tim. 3:1 y 2 ,

1 Es una declaración de confianza: si alguno aspira al cargo de supervisor (obispo), buen trabajo desea hacer. 2 Un supervisor, entonces, debe ser irreprochable, marido de una sola mujer

En aquellos días, la poligamia se practicaba en toda Judea, incluso entre los sacerdotes. Pablo, sin embargo, exige al obispo ser "irreprensible, marido de una sola mujer". El hecho de que Pablo no expone más sobre eso y, sin embargo, afirma su caso, muestra claramente que ya había discutido este tema con Timoteo y la iglesias en general. Este es un simple recordatorio, no es una defensa de su posición.

Del mismo modo, Pablo extiende esta prohibición a los diáconos en los versículos 12 y 13, diciendo:

12 Los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus hogares. 13 Porque los que sirven bien como diáconos ganan para sí un gran prestigio y una gran confianza en la fe que es en Cristo Jesús.

Algunos en años más recientes han intentado aplicar estos versículos al divorcio y el nuevo matrimonio, como para decir que un funcionario de la iglesia debe haberse casado sólo una vez. Pero esto no es lo que Pablo decía. El problema era la poligamia, no volver a casarse. Además, así como Moisés no intentó limitar la poligamia para todos los hombres, así también Pablo no se extiende más allá de su prohibición a obispos y diáconos. Sin embargo, Pablo define la prohibición de Moisés en el sentido de una sola mujer, y este es un ejemplo de cómo la unción de Pentecostés imparte una mayor comprensión de la ley por la mente de Cristo bajo el Nuevo Pacto.

Es evidente que los vencedores son llamados a gobernar y reinar con Cristo (Apocalipsis 5:10; 20: 6). Por lo tanto, el principio se aplica a ellos también, y cualquiera que aspire a ser un vencedor debe considerar cuidadosamente esta ley.


Las esposas del rey David

Uno podría preguntarse, entonces, sobre las esposas de David. Antes de que David fuera rey, tenía dos mujeres, Ahinoam y Abigail (1 Samuel 30:5 y 2 Samuel 2:2). Después que comenzó a reinar, reclamó también a la hija de Saúl Mical (2 Sam. 3:14), porque Saúl se la había prometido a David muchos años antes. Más tarde, leemos en 2 Sam. 5:13,

13 Mientras tanto tomó David más concubinas y mujeres de Jerusalén, después que vino de Hebrón, y más hijos e hijas le nacieron a David.

En 2 Samuel 11 leemos cómo Betsabé se convirtió en la esposa de David. A pesar de que esto se produjo en medio de circunstancias menos que ideales, sin embargo, su hijo Salomón se convirtió en el heredero del trono de David. Muchos han señalado cómo varias esposas causan múltiples problemas familiares. David tuvo muchos de esos problemas, al igual que Salomón después de él. 1 Cron. 3:1-9 nos da una lista de las esposas e hijos de David.

Aun así, el hecho de que David tuvo más de una esposa, no sólo antes de convertirse en rey, sino también después, indica que la poligamia en sí no estaba prohibida por la Ley, ni siquiera para los reyes. La ley no especifica cuántas eran demasiadas, sino que lo dejó a la persona para ser guiada por el Espíritu. Esto sólo cambió bajo el Nuevo Pacto.

Debido a que los dos pactos eran en realidad convenios de matrimonio, el tema de la poligamia debe ser vista a la luz de estos pactos. El Antiguo Pacto fue un pacto de matrimonio legítimo, pero eso también representa a la esposa como una esclava. El Nuevo Pacto revela un tipo diferente de matrimonio, tipificado por la relación de Sara con Abraham, pero visto con mayor claridad en la Iglesia.

Por esta razón, no podemos simplemente tomar las varias mujeres de David como un arreglo ideal bajo el Nuevo Pacto. Ha habido ciertos cambios que han tenido lugar desde el Antiguo al Nuevo Pacto. Uno de los cambios fue en la relación real entre los cónyuges, como he explicado en mi libro, Antigua y Nueva Alianza Matrimonial (en castellano: http://josemariaarmesto.blogspot.com.es/2014/09/folleto-antiguo-y-nuevo-pacto.html). El otro cambio fue de la poligamia a la monogamia, para implementar esto era necesario un cambio en la relación entre marido y mujer.


Las esposas de Abraham

En el libro de Génesis Abraham se encontró en problemas con sólo dos esposas, Agar y Sara. Los problemas parece que se centraron en torno a la transferencia de la autoridad. En el caso de Agar y Sara, cada una quería que su hijo fuera el heredero de la primogenitura. Al final, Agar tuvo que ser expulsada para que el hijo de Sara pudiera establecerse como el heredero. Esto también hizo a Abraham marido de una sola mujer. Debido a que su historia fue el establecimiento de una "alegoría" para aquellos después de él, esto sugiere que la monogamia es la norma en virtud del Nuevo Pacto.


El ejemplo de Salomón

Los hijos de David se convirtieron en rivales por el trono. David había especificado a Salomón para el trono, pero tanto Absalón como Adonías trataron de reclamar el trono en diferentes momentos. Era común que los príncipes se matasen entre sí en su pugna por el trono. (Véase 2 Reyes 10:7).

Así también en los años posteriores de la Iglesia, encontramos obispos dispuestos a pelear unos contra otros e incluso a matarse entre sí con el fin de tomar posesión del cargo de obispo. Tal carnalidad no se puede detener mediante la prohibición de los matrimonios múltiples, pero el problema puede limitarse siguiendo la prohibición de Moisés. En última instancia, el problema es la intención de la carne y se puede resolver sólo cuando las personas se niegan a apoyar a los líderes de la Iglesia que se ocupan de la carne.

Al parecer, ni David ni Salomón sintieron la necesidad de limitarse a una sola mujer. Salomón tuvo 700 esposas y 300 concubinas (1 Reyes 11:3), lo que superó con creces el número de mujeres de su padre. Está claro que la Escritura al registra esto no aprueba sus acciones, sino que lo representa como un ejemplo de exceso. Deut. 17:17 dice: "Ni aumentará para sí mujeres, para que su corazón se desvíe". De Salomón, leemos en 1 Reyes 11:3, "y sus mujeres desviaron su corazón".

Cuando llegamos a Jesucristo, el verdadero y último heredero al trono de David, vemos el ejemplo de la verdadera legalidad. Aunque no se casó con una novia terrenal, vemos que la Nueva Jerusalén se dice que es su novia (Apocalipsis 21:2,9,10; Gal. 4:26) bajo el Nuevo Pacto. Al igual que Abraham, Jesús en realidad ha tenido dos esposas, la Antigua Jerusalén y la Nueva Jerusalén, y al final, Él también tuvo que echar fuera a la esclava. El resultado fue que Jesús tiene sólo una novia, no dos, como algunos han enseñado.

Cristo tuvo sólo una esposa bajo el Antiguo Pacto. En otras palabras, él primero se casó con "Agar" en el Monte Sinaí, un matrimonio que finalmente fracasó y terminó en divorcio (Jer. 3:8). Más tarde, comenzó a preparar una nueva novia ("Sara"). Actualmente estamos en los días finales de su preparación para el matrimonio.

Y así, aunque la Biblia no prohíbe específicamente la poligamia, tampoco la tolera. En el caso de los reyes, la Ley en Deut. 17:17 revela la mente de Cristo y su descontento con multiplicar las mujeres. Pero es sólo más tarde en el Nuevo Pacto que la Ley se clarifica más a través de los escritos de los ungidos por Pentecostés. Estos muestran que los líderes y gobernantes deberían tener una sola mujer. Esto sigue el ejemplo de Cristo mismo, cuya única novia es la Nueva Jerusalén.


Ganancia de riqueza por los Reyes

La parte final de Deut. 17:17 dice, "ni podrá aumentar en gran medida el oro y la plata para sí mismo". Una vez más, Moisés no especifica cuánto es demasiado, pero esto dice algo sobre la mente de Cristo. Cuando los reyes y líderes se hacen ricos como el resultado de su cargo, por lo general indica una ventaja injusta sobre la persona promedio. Tal riqueza puede ser el resultado de honesto trabajo o puede obtenerse por soborno y robo. La mente de Cristo nunca legisla contra el trabajo honesto, sino contra el amor al dinero (avaricia) que es la raíz de todos los males (1 Tim. 6:10).

Como muestra el ejemplo de Salomón, una gran cantidad de oro y plata no es suficiente para satisfacer el corazón. 1 Reyes 10 dice:

14 El peso del oro que vino a Salomón en un año era de 666 talentos de oro … 23 Entonces el rey Salomón llegó a ser más grande que todos los reyes de la tierra en riquezas y en sabiduría … 27 Y el rey hizo la plata como las piedras en Jerusalén …

Aun así, aumentó los impuestos sobre las personas con el fin de pagar por una multitud de proyectos de construcción. Esto indica la posibilidad de que él estaba gastando demasiado, o que estaba acaparando la riqueza para sí y obligando a la gente a pagar impuestos que estaban más allá del mandato bíblico. Esto llegó a un punto después de la muerte de Salomón, porque entonces la gente pidió una rebaja tributaria a su hijo, Roboam (1 Reyes 12:4). El se negó, y el reino se dividió.

Tal vez la lección que debemos aprender de este ejemplo es que cuanto mayor riqueza un rey recibe, más cree que él necesita y merece. La riqueza en sí no es mala, sino que tiende a magnificar la carnalidad y aloja la codicia en su corazón. Tal vez la razón por la que la plata y el oro, junto con el número de esposas que un rey pueda tener, se limitan se debe a que tanto la riqueza como las múltiples esposas desvían el corazón de los reyes de servir a Dios. Parece que la intención de la carne considera la riqueza y/o esposas como una validación de su llamado divino. Esto puede desviar fácilmente el corazón de los reyes y les enseña a usurpar el trono para su propio uso, en lugar de verse a sí mismos como administradores del trono de Dios.

http://www.gods-kingdom-ministries.net/teachings/books/deuteronomy-the-second-law-speech-5/chapter-8-multiple-wives-and-wealth-for-kings/